martes, 26 de julio de 2011

Transformarse o ser irrelevante: ¿el destino de la escuela?


Y el maestro ¿dónde está?
Desde la antigüedad, la educación ha tenido un desafío básico por resolver: ¿Qué estrategia darse para enseñar? De las múltiples respuestas posibles la que encontró su máxima expresión fue el vínculo entre maestro y alumno: una relación que se desarrolló a lo largo de veintisiete siglos.
Cinco siglos antes de Cristo, con la "lección magistral unilateral" como técnica enfrentada a la "lección dialogada" de Sócrates, los sofistas dieron los primeros pasos en la construcción de esta sociedad. Después Platón en su Academia, Aristóteles en su Liceo, Epicuro en su Jardín y el estoico Zenón de Citio en su Pórtico enseñarían sustentados en la grandiosidad de sus ideas y de su genialidad individual.
Pero fue en el siglo XVII y XIX donde se constituyó la institución escuela como la fórmula ideal de la educación en todas partes del mundo. La escuela fue uno de los actos de imaginación superlativa de la modernidad. Pensar una institución a la cual concurrieran todos los niños a aprender ciertos saberes, con personal preparado para enseñar, fue un desafío a todo lo preestablecido.
Desde allí la pregunta se completó ¿Cómo enseñar a muchos al mismo tiempo? La necesidad moderna de formar un sinnúmero de personas en simultáneo, cambió la escala del desafío. En términos de Pablo Pineau: “la modernidad dijo ‘esto es educación’ y la escuela respondió ‘yo me ocupo’”. A partir de allí, opina el mismo autor, “nos es muy difícil ver a la escuela como un ente no fundido en el “paisaje” educativo, lo que probablemente sea la mejor prueba de su construcción social como producto de la modernidad”. En síntesis, un modelo “uno a muchos” representado por el maestro, los alumnos, un espacio físico denominado “aula” o “escuela”, un contenido a transmitir, algún tipo de tecnología que ayude en esa transmisión…
Pero, ¿qué tan “natural” seguirá siendo la escuela en este paisaje?

1 comentario:

jordim dijo...

La educación funciona así: "Si no apruebas serás un desgraciado". Obviamente hay muchas cosas que mejorar...

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